sábado, 18 de mayo de 2013

EN BRAZOS DE UN ÁNGEL



Descansa tranquilo. No te perderás nada”. Aquellas reconfortantes palabras las había escuchado en alguna parte, en un momento exacto, aunque no recordaba ni cuándo ni dónde. Incapaz de convencer a su memoria de que hiciera un esfuerzo por identificar aquellos datos difusos que flotaban por su mente en el momento de iniciar el trayecto, descansó perezosamente la vista en el paisaje que le saludaba desde el otro lado de la ventanilla. Una sucesión de postes eléctricos, de altozanos y colinas cambiantes, de retazos del mismo cielo con tenues variaciones cromáticas, le devolvió al movimiento del que formaba parte sin apenas notarlo, mientras el tren donde viajaba danzaba una zarabanda de saltimbanqui a lo largo de las ocres llanuras. La recta que une Segovia con Valladolid quedó reducida a un guion, corto espacio para entregarse a un plácido sueño de duermevela. Despertó del traqueteo en pleno parque del Campo Grande, a pocos metros de la Fuente de la Fama. La trompeta de un ángel, sonido extrañamente familiar a sus oídos, reverberó en el jardín, al tiempo que distinguía una silueta de bronce que le pareció haber sido ya vislumbrada anteriormente por sus ojos recién salidos del sueño.

Entonces reconoció la voz.