domingo, 21 de abril de 2013

La mezcladora de géneros



El foco sujeto a una farola de la Calle 42 iluminó al teniente del Séptimo de Caballería mientras cortejaba a la hija del coronel en Fort Bravo. Desde el plató contiguo, un bigotudo general arengaba en primer plano a sus tropas a sacrificarse por la patria. 100 indios atacaron los carros en círculo tras los cuales se parapetaban 50 vaqueros de espaldas a las trincheras de Verdún. Los cantos de guerra Sioux se mezclaron con los acordes de Gershwin en el musical que saturaba de colores la lente de la cámara vecina. El bailarín con traje a rayas se desdobló en una gallarda figura de uniforme azul y su cabello engominado rivalizó en brillo con la estrella de latón que antaño adornaba su camisa de sheriff. Un sedán negro surcó la mojada calle de la ciudad oscurecida y entabló un estruendoso duelo de fuego con otro automóvil, todavía con manchas de tarta en su tapicería. Seis siglos antes, a unos metros de distancia, el Caballero Negro descabalgaba de un lanzazo a su enmascarado oponente en el torneo. Con su ímpetu de celuloide, la flecha eterna de Robin Hood apagó la luz del foco. Sorprendida, la pantalla resplandeció como cien soles.