jueves, 24 de enero de 2013

Espectros de juventud


Sobre el puente de medianoche relucían dos estrellas de cartón que nunca se habían asomado a aquel firmamento satinado. El puente era de cartón piedra y ya no recordaba sus días de sólido granito, ligazón de argamasa y ensoñaciones de acueducto. A ambos lados de las orillas del río, en cuya cristalina corriente admiraban su propio reflejo las vanidosas estrellas de cartón-luz, dos viajeros se habían detenido para contemplar la plenitud del paisaje antes de cruzar sobre tan abismal vacío. Como quien escucha una fantástica voz de alerta, mitad imaginada, mitad intuida, el puente tuvo la premonición de que uno de los dos no lograría pasar al otro lado. “¡Retroceded ambos!”, gritó, sin que de su acartonada y amnésica garganta saliera ningún sonido. “¿Acaso es tan importante cruzar?”

Sólo cuando vio caer al más joven se dio cuenta de que ambos viajeros eran la misma persona.

sábado, 12 de enero de 2013

Personajes desplazados



Todo empezó cuando Sherlock Holmes se enamoró de Julieta Capuleto, y todo acabó cuando Sherlock y Julieta murieron por una sobredosis de amor estrellado. Romeo Montesco y el Dr. Watson iniciaron las pesquisas del caso, lo que les condujo, doce pipas de tabaco turco después, desde su salón de Baker Street hasta las puertas del castillo de Zenda. Allí yacía prisionero Dorian Gray, por fin envejecido tras duro cautiverio, hasta que un doble suyo, la viva imagen pintada en su retrato, le liberó. Con él se escapó también el capitán Ahab, quien creyó haber visto soplar a su ballena blanca en las brumas de Camelot y se convirtió en un yanqui en la Corte del Rey Arturo. “Ser o no ser fiel a mi soberano”, se preguntaba Lanzarote del Lago, recordando los amores de Robin Hood y Ofelia, de Hamlet y Lady Marian…


“Llamadme Gulliver”, dijo Moby Dick.